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| Jaime Milans del Bosch, el líder militar golpista |
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| Una monja bermeotarra |
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| Un golpista sobrevenido |
Como complemento al artículo “Reflexiones de un golpista
sobrevenido” publicado en Deia hace unos años y republicado en el número
anterior -el 256- de esta Revista, narro
esta anécdota en la que unos días antes del golpe del 23F de 1991 tuve una curiosa
intrahistoria con Milans del Bosch.
Un primo mío, esposo de una prima carnal, era a su vez
hermano de una monja, al parecer superiora de una orden religiosa y amiga
íntima - según mi primo hasta confesora- del capitán general. Curiosamente mi primo
era un bermeotarra de pro, radicalmente abertzale y seguramente su hermana, la
monja, también.
Mi primo me sugirió que iba a hablar con su hermana para
pedirle a Milans del Bosch que se interesara por mi situación en la mili, ya
que me encontraba realizándola en su Región Militar del Levante. Le dije que
mejor que no, pensando que quizás fuese peor el remedio que la enfermedad. Pero
– ¡buenos son los de la República independiente de Bermeo ¡- no me hizo ningún
caso.
Un poco antes del 23F, realizando ejercicios con armamento
en el Regimiento Tetuán XIL de Castellón, se me acercó el teniente coronel para
decirme que le acompañara inmediatamente al despacho del coronel, que me estaba
esperando. Mi sorpresa fue mayúscula y la expectación fue máxima en toda mi compañía.
- testigos de la convocatoria- ya que eso no era nada habitual.
Tal y como estaba, con cetme (el pesado fusil de asalto)
incluido, me presenté ante el coronel, que en el cuartel – como máxima
autoridad-, era cuasi dios. En su despacho, estaba sentado tras una mesa de
escritorio y custodiado por otros dos militares, que, aunque no me fijé en su
graduación, la intuyo muy elevada. En un cuadro a su espalda, puede que
estuviese el Rey (el de entonces), pero juraría que vi a Franco. Detrás de mí,
quedó el teniente coronel.
Tras los saludos- con armamento a cuestas es distinto que,
sin él-, y como nunca pensé que debería utilizar el tratamiento a un coronel,
si de excelentísimo o de ilustrísimo, creo que le trate simplemente de usted. Yo
tenía 22 años y él unas cuantas décadas más.
Me dijo que le había escrito su capitán general para que se
interesara por mi situación. Su primera y sorprendente pregunta fue a ver si
era “de la ETA” (sic), como cuando preguntan cuando viajas a USA si eres
terrorista internacional. Le dije que no, que no era partidario ni de las armas
ni de la violencia y eso mientras sujetaba con mi mano el cetme que lo tenía en
vertical junto a la pierna apoyado en el suelo. Por cierto, en la mili era conocido
por Jose Echevarria, lo cual no es falso ya que de primero soy Joseba (aunque
no lo uso) y puede ser conveniente en algunos casos – como el descrito- utilizar
nombre y apellidos sin atender a las recomendaciones de Euskaltzaindia. También
me preguntó a ver que tal estaba y le dije que como era economista lo que me
gustaría era dedicarme a mi profesión y en mi tierra, por si instantáneamente
soltaba la blanca; es decir, me daban la cuenta. No coló y creo que seguimos
hablando de cosas intrascendentes porque no me acuerdo de ellas. Me despidió
cariñosamente dándome saludos de Milans del Bosch e incluso de su amiga - mi
indirecta familiar- la monja bermeana y se dio por concluida la cita que le
serviría al coronel para decirle a su jefe que ya había estado conmigo.
En conclusión, el encuentro no tuvo ningún efecto, seguí
haciendo la mili de la misma manera y en el mismo lugar y no evitó – el día de
mi encuentro ya estaba el levantamiento planificado- que al de poco fuese uno
más -entre cientos- de golpistas sobrevenidos.
Dos comentarios para terminar. El primero sobre lo de “la
ETA”. Contesté la verdad, no lo era. Eso sí, unos años antes, siendo adolescente
y viviendo Franco estuve a punto de militar en ella; lo hicieron varios amigos y
si no lo hice fue por varias razones: mi animadversión a la violencia y a las
armas (aunque lo motivaban como cuestión cultural), porque quería aprovechar la
oportunidad de ser el primer universitario de mi familia y, sobre todo, porque,
siendo sincero, me acongojaba bastante ese paso. Curiosamente muchos años
después figuraría como objetivo, supuestamente financiero por ser directivo de
una importante empresa vasca, en los listados de una ETA alocada y terrorista;
lo que me obligó, porque nunca quise abandonar mi tierra, a llevar durante
muchos años una vida profesional y personal, digamos que con precauciones y muy
discreta.
El segundo comentario es que me quedé intrigado de como una
monja euskaldún y seguramente abertzale podía tener una gran amistad con un confeso
fascista, voluntario de la División Azul, capitán nazi en la II Guerra Mundial,
franquista hasta la medula y líder militar golpista. Será que conviene, por si
acaso, y puede que, por las dos partes, tener amigos hasta en el infierno.
Mikel Etxebarria Dobaran
Publicado en kazetariak el 23 de marzo de 2026
https://kazetariak.eus/milans-del-bosch-y-una-monja-bermeotarra-amigos-hasta-en-el-infierno/
https://kazetariak.eus/reflexiones-de-un-golpista-sobrevenido/




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