Acabo de leer “Historias de fantasmas” de la escritora Siri
Hustvedt, que es una obra muy personal en la que muestra su relación, su
amor y su duelo respecto a su marido fallecido, el también escritor Paul
Auster. En ella menciona el consejo que le dieron cuando se encontraba
bloqueada y con la mente en blanco: “la escritura automática”, que viene a ser,
ponerse en faena, lanzarse a escribir y luego corregir.
Me pongo a escribir. Creo que más que referirme al deporte,
aunque lo parezca, voy a tratar del sentido común y de la inteligencia natural. Seguí el Mundial de un deporte que me encanta, el fútbol. En
concreto, la final la vi con mis nietos en Cataluña. Nos juntamos con un grupo
de amigos de los chavales y estos con sus familias. Algunos llevaban camisetas
rojas y otros blancas de la Selección española, varios llevaban camisetas del
Barça y mis nietos, que no se las quitan ni para dormir, las del Athletic; la
mía y eso que tengo unas cuantas me la había dejado -craso error- en Bilbao. Como
todos sabemos, partido largo y con nervios por el resultado, más que por el
juego. Nos alegramos enormemente del triunfo y de la brillante participación
(en todo el Mundial) de los abundantes catalanes y vascos del equipo. La
chavalería, y algún adulto, acabó para celebrarlo, dándose un chapuzón nocturno
en la piscina comunitaria.
Mis nietos, mis hijos, mi mujer, mis hermanos y toda la parentela somos del Athletic. Yo al menos, no soy -no he hecho ni voy a hacer una encuesta al resto- de la Selección española. Me gustaría tener una Selección vasca que pueda competir en partidos oficiales. Además, seguramente no hubiera hecho mal papel en el Mundial, teniendo en cuenta que había unos cuantos jugadores vascos, que también juegan en ella. La Selección vasca tiene además más antigüedad que la española; le ocurre como al Athletic que es el decano de la Primera División.
Respetando otras opiniones, creo que hay que ser
prácticos y en tiempos de inteligencia artificial usar un poco la inteligencia natural. Ya he dicho que me encantó el merecido, por otra parte, triunfo de la Selección española, al participar, además, con varios jugadores del Athletic,
el seleccionador fue campeón de Liga (dos veces), Copa y Supercopa con el
equipo en los años 80 y con otros jugadores vascos, todos ellos con gran
protagonismo en todo el Mundial.
Lo que no es de recibo es lo que ocurrió en algunos lugares,
por ejemplo, en Bilbao y en algún pueblo navarro. Las cobardes agresiones e
inusitada violencia, cometidas por grupos vandálicos a chavales, simplemente
por llevar la camiseta de la Selección española o intentar ver la final públicamente.
La forma más exitosa de desacreditar cualquier reclamación, por muy justa que
sea, es utilizando la violencia; sólo hay que valorar la muy negativa contribución
del terrorismo que hemos sufrido tantos años a la libertad, la paz, la
democracia, el respeto y la prosperidad económica de Euskadi.
También conviene decir que el fútbol es solo un juego; eso sí
demasiado mercantilizado y politizado, pero no deja de ser más que un divertido
entretenimiento. Me van a permitir la ironía de proponer, que como se alega,
aunque existen excepciones -en el propio futbol en otros lares y aquí en otros
deportes-, que sin tener Liga propia o sin ser Estado no se puede tener una
selección oficial, igual hay que ir más por la vía política, es decir, aspirar
a tener un Estado propio -eso sí, de manera pacífica, democrática y con mayoría
cualificada-, más que por la vía meramente deportiva - que lleva fracasando
muchos años-, ya que así se conseguiría de motu propio tener selecciones
oficiales en todos los deportes. En fin, creo que mis ojos no lo verán, pero
por apuntarlo, que no quede.
Por otra parte, a veces se alega también que es
contradictoria la inquietud intelectual con el deporte. Paul Auster, el marido
de Siri Hustvedt, era un enamorado del beisbol. A Ernest Hemingway le
encantaba el boxeo. Tuvieron una inusitada pasión por el fútbol, entre otros, Albert
Camus y Ernesto Sábato. Lo de “men sana in corpore sano” siempre ha
estado vigente.
Siri Hustvedt en su mencionado libro nos recuerda lo que
decía Martin Luther King “no basta con que la gente este enfadada, la
tarea suprema es organizarse y unirse para que la ira se convierta en una
fuerza transformadora”; en otras palabras, que la ira sea disciplinada,
controlada. Desde luego no siguieron ese
consejo ni los que le asesinaron a él, ni los “valientes” descerebrados mencionados
anteriormente.
Mi humilde opinión es que utilicemos el sentido común para
alegrarnos de tener unos cuantos vascos campeones del mundo en el deporte más
seguido en el orbe y eso no quita, para los que queremos una selección vasca que
compita oficialmente, aspiremos a ello con respeto, método, estrategia y cordura.
Mikel Etxebarria Dobaran
Publicado en El Correo el 16 de agosto de 2026
En Fundación para la Libertad https://paralalibertad.org/la-ira-disciplinada/
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