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La paradoja de Keynes

No están los tiempos como para alardear que uno es economista. Dicen además   que es la única disciplina dónde se puede obtener el Premio Nobel desde posiciones contrarias. No obstante, a raíz de la lectura veraniega de la monumental biografía sobre Keynes realizada por Robert Skidelsky, he rememorado al gran economista retrotrayéndome en el tiempo. En el último quinquenio de los años setenta los que pisábamos las aulas de la Facultad de Sarriko , tuvimos, además de las habituales y descorteses visitas de unos señores grises por fuera y por dentro, sus primeras referencias. Recuerdo al entonces decano y catedrático de Teoría Económica , el malogrado Fernando de la   Puente , alias “el pela”, ó “el peseta”, con su oratoria encendida (provocaba dolores de cabeza), defendiendo airadamente que “su facultad” no era de Ciencias Euskerikas (ante el intento de organizar clases de euskera), introducir en nuestras   mentes adolescentes, ya excitadas tanto por temas hormonal...

Montaigne, el vasco tranquilo

Tengo muchos defectos. Uno de ellos es que los únicos escaparates en los que me detengo son los de las librerías. Estando en Sant Cugat del Valles por motivos familiares, del escaparate de la librería que esta enfrente del Ayuntamiento percibí una mirada profunda e insistente de un libro. No tuve más remedio que entrar, cogerlo, examinarlo y comprarlo. Fue un flechazo inmediato. El libro era “Como vivir ó una vida con Montaigne” de Sarah Bakewell. No me arrepiento. Me abrió las puertas de un mundo fascinante. Me llevó además a leer otros libros sobre Montaigne, como por ejemplo el escueto y expresivo de Stefan Zweig ó el novelesco y conjetural de Jorge Edwards, pero sobre todo me guió a la fuente original (al menos así considerada actualmente) , a los “Ensayos de Montaigne según la edición de 1595 de Marie de Gournay”.   Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), ilustre pensador humanista del Renacimiento y uno de los autores más citados y con más discípulos de la historia, e...

Unamuno, el incomprendido

Mi buen amigo Paco, barbero (como se decía antes) de Algorta, es salmantino. Me dice, mientras me corta el poco pelo que me queda, que en su tierra D. Miguel de Unamuno está considerado como su joya más preciada. Por eso cuando vino a Bizkaia, donde pensó que el escritor estaría en un pedestal,   quedó asombrado del trato tan despectivo que en general recibía el recuerdo , la persona, las ideas y …… hasta su cabeza de bronce , por parte de sus paisanos. Yo ya le he dicho que todo hay que matizar, que lo que opinen y hagan ciertos descerebrados que no son capaces de pasar de los clichés establecidos no es representativo de lo que personas (verbigracia el mejor alcalde del mundo, Azkuna) con más sosiego y raciocinio puedan pensar. No obstante, bien es cierto , que Unamuno, ante todo un gran intelectual, no ayuda mucho a una comprensión inteligible sobre sus ideas. Hay que vivir con razón, sin razón o contra ella, decía. Y es que tuvo muchas ideas , en todas las facetas posibl...

Reflexiones de un golpista sobrevenido

S UELEN decir que la Historia (con mayúscula) la escriben los vencedores. Los demás, bastante tienen, si pueden, con asumir las derrotas y curarse las heridas. Además, también dicen, que la Historia (seguimos con mayúscula) trata y narra los acontecimientos a partir de las vicisitudes de los grandes líderes, emperadores, monarcas, reyes, jefes de estado, generales o mariscales,   pero que poco se ha ocupado y preocupado (quizá por falta de pruebas y datos) de la vida y obras de las gentes del pueblo, de los marginados, de las clases humildes, de los mandados, de las tropas de los ejércitos, de la carne de cañón ... Por eso voy a intentar recordar unos hechos (han pasado más de 30 años) que quienes escriben la Historia, no sabemos si por convicción o por encargo, dudan entre negar su existencia (se atreven a hablar de gran ficción colectiva) u otorgarles ni más ni menos que   la vacunación de la democracia en el Estado Español. Ya decía Rousseau que historiador ideal sería ...

La Encrucijada Bilbaina

Azkue Unamuno Arana Edurne Dobaran Partiendo de una anécdota familiar (lógicamente desconocida por el lector) voy a relatar , más o menos como seguramente sucedió, un encuentro (posiblemente no tan conocido por el gran público) entre tres jóvenes que llegarían a ser con el tiempo personajes emblemáticos e históricos   de Bilbao.   Y el encuentro, pudo ser   y tal vez lo fue, una auténtica encrucijada, que supuso que su desenlace marcase, presuntamente, el devenir de la vida de cada uno de ellos y por la importancia e influencia de sus protagonistas se extendiese a toda la sociedad y a las siguientes generaciones. Entre finales de los años cuarenta y mediados de los cincuenta del siglo pasado, mi ama, una chavalita entonces, era ,en denominación actual, “empleada de hogar” de una casa de postín del Bilbao de aquellos años; vamos, para entendernos, de una familia pionera en la iniciación de la actividad industrial en Vizcaya , propietaria de media ciudad y afamados ...

Un encuentro con Ramiro Pinilla

Ramiro Pinilla es un escritor del que has leído varios libros.    Hace muchos años leíste “Las ciegas hormigas”, que fue premio Nadal en el año 60, después leerías algo que publicó en la editorial popular que el mismo creó “Libropueblo” y ahora te encuentras leyendo la trilogía de “ Verdes valles, colinas rojas”, habiendo terminado la primera de las entregas “La tierra convulsa”, que te regaló ama en tu último cumpleaños. Coincide que vivís ambos en Getxo (él lo deja muy patente en sus escritos) y además en el mismo barrio de Andra-Mari. Desde hace años, de vez en cuando , lo sueles ver pasear, a paso ligero a pesar de su avanzada edad y por delante de la puerta de tu casa. Más de una vez has pensado en pararle, pedirle que te dedique algún libro y sobre todo conocerle en persona. Pero, o bien no te has atrevido a hacerlo o bien no has encontrado la oportunidad adecuada. Pues bien , el día ha llegado. Hoy día de San Juan y domingo, ibas, después de pasear a Mora (...

Intentando emular a Montaigne

Tienes cincuenta y tres años, pero por poco tiempo, ya que este mes cumples años. Habitualmente escribes, pero es por motivos profesionales, aunque no quita que intentes que el deber no este reñido con el placer. Y ahora, en el día de hoy, has decidido que , intentando emular a Montaigne, vas a escribir por mero gusto y sin más finalidad que plasmar tus ideas, pensamientos para mi mismo les llamas, en papel (o más exactamente, al menos de momento, en archivos informáticos). Bien es cierto que el magistrado francés, en el s. XVI, se encerró en su castillo y se dedicó durante veinte años (interrumpidos por su muerte) a escribir sus Ensayos (“pruebas”, en definitiva). Tú no puedes darte ese lujo, así que escribirás cuando puedas, quieras y te apetezca. Sin auto-obligaciones de ningún género. Incluso barruntas ( eres optimista por naturaleza) la idea de, si fuese posible, compatibilizar el escribir las “pruebas” con algo más concreto y definido. Ya veras. Pero bueno, al fin y al cab...